Bearin y Filipinas
Belzunces, Lizarragas, Echarris, Urras etc.
Bearin es el pueblo del valle de Yerri más próximo a la ciudad de Estella (2 kilómetros), el mejor comunicado con la ciudad y, a lo largo de la historia, uno de los menos poblados del valle. Pero lo que lo hace único en Navarra, y quizás en España, es que fue totalmente cambiado de emplazamiento sin que interviniera fuerza mayor como una catástrofe natural o la construcción de una infraestructura u obra pública. Se trasladó por decisión de sus vecinos, impulsados y ayudados por una familia que se enriqueció en Filipinas. En este trabajo trato del traslado del pueblo, las actividades y vicisitudes de sus impulsores, y noticias de muchos estelleses que fueron a aquellas lejanas islas.
En la foto, tomada el año 2005, vemos el pueblo, a ambos lados de la carretera, y a la izquierda, a corta distancia del caserío, en un cruce de caminos, la iglesia del pueblo viejo en torno a la que se distribuían las casas. La carretera que vemos a la derecha es un desvío reciente para evitar el paso por el centro. . Al fondo, dominando el horizonte, Peña Azanza, avanzadilla de la sierra de Andía.
Bearin, el pueblo: Documentado desde el siglo XII, y habitado a mediados del siglo XIX por 13 familias, era un pueblo de tierra escasa, propiedad en su mayor parte de vecinos foráneos, que la arrendaban a los lugareños.
Situado en una ladera, a 340 metros del Camino Real de Estella a Abárzuza, donde estaba la única fuente de la que se abastecía (a la que se llegaba por un camino en cuesta, incómodo y en malas condiciones), cuando el año 1853 el Camino Real fue transformado en la Carretera N-111, hoy Carretera NA-120 que comunica Estella con Guipúzcoa a través del Echarri Aranaz y Beasáin, la situación del pueblo no cambió respecto a la vía, pero el mayor tráfico y posibilidades que ésta ofrecía aumentaba la incomodidad de vivir en el pueblo.
Pronto, Pedro Sanz de Galdeano levantó su casa en la carretera, junto a los regadíos; la familia Inza construyó la suya junto a la fuente; y Francisco Belzunce Arlegui, casado con Atanasia Lizarraga Inza, junto a la casa de su suegra levantó con dinero filipino una linda casa con jardines, y todas las comodidades del momento (agua corriente, luz eléctrica producida por acetileno, etc.), en la que residir durante sus estancias en el pueblo. Le siguieron su cuñado y medio hermano, Román Belzunce Inza, y Francisco, Tirso, Severiano y Mónico Lizarraga Inza, hermanos de su esposa, que también habían hecho las filipinas. De esta manera, en la carretera se formó un barrio nuevo que hacía aún más incómoda la vida de los que seguían habitando el pueblo viejo.
Francisco Belzunce Arlegui, nacido en Muruzábal el año 1840, había ido a trabajar como cantero al caserío de Muru, kilómetro y medio carretera arriba de Bearin, pueblo donde en una de sus casas, viuda de Pedro Salvador Lizarraga, vivía Rosa Fidela Inza con sus hijos: Francisco, Felipa, Severiano, Tirso, Juan, Mónico, Rafaela, y Atanasia, nacida esta última el 30 de abril de 1856, a los dos días de que falleciera su padre.
Rosa Fidela Inza, mujer emprendedora, alquilaba sus animales de tiro para ayudar a las carretas que llevaban mercancías de La Ribera a La Barranca y a Guipúzcoa a subir la dura cuesta que llevaba al Alto de Muru. También alojaba gente que circunstancialmente trabajaba en la zona, como Francisco Belzunce Arlegui.
Su padre, José Belzunce Esquíroz, viudo, se casó con Rosa Fidela Inza una vez pasados los 41 días de viudez acostumbrados. La familia aumentó con dos nuevos miembros, Benito y Román, y al año de nacer este último, el 18 de julio de 1859, a los 45 años, falleció José Belzunce Esquíroz.
El año 1766 vivían en el pueblo ocho familias: tres vecinos y cinco moradores. A finales del siglo XIX solo tres vecinos residentes eran propietarios de tierras, y la mayor parte de la tierra cultivada era de vecinos foráneos (en 1803, Joaquín de Arteaga, de Arbeiza; Fermina Alsasua, de Estella; Joaquín R. de Aldaz, de Enériz; y Martín A. Sola, de Murugarren) que disfrutaban de los aprovechamientos del pueblo, recibían las rentas de sus tierras, pero no contribuían a los gastos del concejo.
No pasó mucho tiempo cuando Francisco Belzunce Arlegui, aventurándose en una travesía de meses y meses de mareos e incomodidades, bordeando el continente africano arribó a Negros Occidental, Filipinas, el año 1870. Tenía veinte años. No se sabe quién lo llevó y ayudó a establecerse allí.
Unos dicen que fue Esteban Navarro Tafalla, filántropo (costeó el Libro de Honor de los navarros, en el que se recogen 125.000 firmas contra el intento del ministro Gamazo de suprimir los Fueros navarros); benefactor de su pueblo, Muruzábal (construyó un asilo-residencia aún activo, dotándolo con tres millones de pesetas de deuda perpetua); miembro de la Junta Carlista de Navarra en los momentos previos a la 2ª Guerra Carlista, y de la Junta Gubernativa de Navarra durante la citada guerra; tesorero y encargado de comprar armamento y munición para el Ejército Carlista; Oficial del ministerio de Gracia y Justicia; y abogado de Beneficencia del partido judicial de Pamplona. En Filipinas desempeñó los cargos de Teniente Gobernador de Nueva Vizcaya y Capiz, y Alcalde Mayor de Mindoro, La Laguna y Albay.
Otros creen que fueron los hermanos Cristóbal (rico comerciante de la capital filipina) y Joaquín Arlegui (tesorero de la Iglesia Metropolitana de Manila, que durante un tiempo ocupó la sede vacante a la muerte del mitrado), del clan Arlegui de Manila, cuyos últimos miembros fueron asesinados por los japoneses. Según información verbal de Fernando Belzunce, «Francisco Belzunce Arlegui anduvo trabajando por Europa, donde contactó con algún fraile, a través del que fue a Filipinas».
En las islas, Francisco Belzunce Arlegui se empleó en la Casa Ynchausti, el mayor conglomerado industrial y comercial de la época, con intereses en la producción y comercialización de azúcar, transporte marítimo, destilerías de alcohol, producción y comercialización de abacá, seguros, cemento, sector inmobiliario, pinturas, etc.; principal accionista del actual Banco de las Islas Filipinas; con oficinas en Manila, Iloílo, Hong Kong, Shanghái, Tokio, Nueva York y San Francisco. Casa que construyó el primer puente colgante de acero de Asia, de los primeros del mundo.
Fundada en 1816 en Manila por el guipuzcoano José Antonio Ynchausti, armador y capitán de la Real Compañía Guipuzcoana de Filipinas, su último propietario, Manuel Ynchausti, nacido en 1900, heredó el emporio cuando tenía 20 años, delegó su dirección en la familia Elizalde -acabó quedándose con el negocio-, y destacó por su filantropía: ayudó a mujeres y niños vascos refugiados tras la Guerra Civil, y entregó miles de hectáreas de tierra a los capuchinos y a los agricultores que las trabajaban.
Una vez establecido, Francisco Belzunce Arlegui reclamó a su medio hermano y a sus cuñados, que deseando dejar testimonio de su riqueza, con fecha 16 de abril de 1892 enviaron a sus convecinos la siguiente carta:
«Francisco Belzunce y Arlegui, vecino de este pueblo, por sí y a nombre de sus hermanos don Francisco, don Severiano, don Tirso y don Mónico Lizarraga, y don Román Belzunce e Inza (…) ofrece al pueblo de Bearin contribuir (…) a la construcción de una nueva iglesia (…) Dada la situación que hoy ocupa el pueblo, compuesto del casco antiguo arriba y el Barrio nuevo abajo, y siendo lo más probable que de aumentar la población en lo sucesivo sea por la parte del Barrio nuevo (…), señala para su emplazamiento un terreno (…) que llega hasta el pueblo; de este modo, sin separarse sensiblemente del casco del pueblo de arriba, se aproxima una buena parte al Barrio de abajo, quedando así promediadas convenientemente las distancias entre la iglesia y las dos partes de la población (…) Que siendo fácil haya alguno o algunos vecinos que no están conformes en aceptar lo que se ofrece (…), cree prudente (…) fijar como mayoría indispensable las cuatro quintas partes de los vecinos para su aceptación (…) Que el que suscribe, ni sus citados hermanos, pretenden privilegio alguno sobre los demás vecinos del pueblo (…), siendo el deseo de todos dejar un buen recuerdo en bien de todos sus vecinos, y que a la vez sea en una obra acepta a Dios nuestro señor, como expresión de gratitud a los bienes temporales con que hasta ahora les ha favorecido».
En la carta también ofrecían «contribuir con todo lo que sea necesario a la construcción de un cementerio» que se levantó el año 1895 en terrenos cedidos por Esteban Lizarraga. Su cuerpo fue el primero en ser inhumado.
La pobre construcción de la iglesia vieja da idea de las limitaciones económicas que tuvo el pueblo a lo largo de casi toda su historia. En torno a la parroquia, hoy ermita de San Esteban (los objetos de la iglesia antigua terminaron en la década de 1960 en manos de anticuarios.), se agrupaba el pobre caserío.
Aceptada la oferta, el pueblo nombró una Junta, pidió permiso al obispo de Pamplona, pero fracasaron las gestiones para adquirir los terrenos: la propietaria, residente en el municipio de Arizala, buscando mayor beneficio se desdijo tres veces de acuerdos previos, lo que llevó a los Belzunces y Lizarragas a abandonar el proyecto y levantar en sus terrenos un oratorio privado bajo la advocación de María Inmaculada. Oratorio terminado el año 1898 -según consta en la clave del atrio-, poco tiempo después de que, inesperadamente, a la edad de 57 años, el 13 de agosto de 1897 falleciera Francisco Belzunce Arlegui a causa de una meningitis agudísima.
Tirso Lizarraga Inza cogió el testigo de su cuñado, dotando al oratorio con un retablo de pino dorado, de estilo gótico, con imágenes de la Inmaculada, San José y San Francisco Javier; diez y ocho bancos de pino, un palio de seda azul con fleco, confeccionado en Filipinas, que ha desaparecido, y varias reliquias de santos que trajo de Roma. Cerca estuvo de traer de Venecia el cuerpo de San Gaudencio mártir: contando con el visto bueno del Papa, del cardenal prefecto de la Sagrada Congregación de Indulgencias y del Patriarca de Venecia, los frailes menores conventuales, a los que pertenecían las reliquias, se negaron a cederlas aduciendo que el cuerpo de San Gaudencio, con su ampolla de sangre, «forma il principale ornamento di contesta chiesetta di san Toma di Venezia».
Comenzado el nuevo siglo, los deseos de facilitar la vida de los vecinos del pueblo viejo tomaron una nueva dimensión: el 21 de octubre de 1893, Tirso Lizarraga Inza, por medio de su hermano Francisco entregó una carta ofreciendo «a cada uno de los vecinos que tenga casa propia habitable, que quieran destruirla, 500 duros para construir otra nueva en el sitio que se designe para hacer el pueblo (…) Si alguno de los vecinos tiene otra segunda casa habitable, se le abonará poco más o menos su valor si la destruye (…) Los vecinos que tengan ese beneficio se obligan a ceder los terrenos que se escojan, tanto para las casas como para los edificios del común, al precio que tasen dos peritos (…) Dichos vecinos se obligan a disponer cuatro mil duros (50 por casa) para la construcción de la nueva iglesia (…) También se obligan (…) al acarreo de todos los materiales (…) Los vecinos que se crean estar perjudicados por este compromiso pueden retirarse, pues a nadie se le hace a la fuerza».
Aceptada la propuesta, las casas del pueblo viejo fueron desmontadas, y con la ayuda de los materiales aprovechados se levantaron treinta y seis nuevas casas a ambos lados de la carretera. Proceso que culminó el año 1904.
Los edificios del pueblo nuevo gozaban de unidad de estilo, que a través de los años va diversificándose. En 1921 se construyó la escuela, llegó el nuevo maestro, y en 1960, cuando se construyó la nueva, la vieja escuela fue destinada a taberna concejil.
El pueblo había sido trasladado a la carretera, pero la iglesia seguía siendo la del pueblo viejo, a 340 metros de distancia, a la que se accedía por un camino en cuesta, mal acondicionado, por lo que, para evitar esta incomodidad, Atanasia Lizarraga Inza, viuda de Francisco Belzunce Arlegui, cedió su oratorio para que se utilizara mientras construían la nueva iglesia.
«Todo marchó bien -nos dice José María Jimeno Jurío- hasta que don Anacleto Osés (párroco del pueblo) quiso imponer su autoridad (…) Por no pedir la llave a su propietaria (…) mandó hacerse él otra», y «envalentonado con el apoyo de cierto sector del pueblo, hizo que las enemistades saltaran ruidosamente en un lamentable incidente. En consecuencia, doña Atanasia enviaba el 17 de diciembre de 1905 un oficio al párroco, ordenándole que desalojase su capilla en el término de 24 horas». El párroco reaccionó subiendo procesionalmente el Santísimo a la iglesia vieja, pero tuvo que ceder ante la incomodidad de tener que realizar en ella las prácticas religiosas.
Para salir del paso, el 13 de diciembre de 1905 Vicente Inza ofrecía al pueblo el arriendo de un local en su casa para que sirviese de capilla parroquial durante año y medio. Pasó el tiempo sin que se construyera la nueva iglesia, y en diciembre de 1911 Vicente reclamaba «cinco años y medio» de alquiler.
Esos años había en el pueblo un párroco, el capellán de los Lizarraga, y una comunidad de jesuitinas (escuchaban misa protegidas por un tabique de celosía, daban clase a las niñas del pueblo) que, tras permanecer ocho años, bajaron a Estella, siendo la casa ocupada por una comunidad de dominicos.
En el oratorio -hoy iglesia del pueblo-, levantado en estilo eclético y torre neogótica, una placa de mármol, colocada en 1954 al celebrarse las Bodas de Oro del pueblo nuevo, agradece la generosidad de los promotores: «El pueblo de Bearin en agradecimiento a los Sres. Lizarragas y Belzunces que costearon esta Yglesia en 1894 y donaron para Parroquia en 1914. Dedican este recuerdo».
El enfrentamiento de don Anacleto con doña Atanasia llegó a tal punto que, aprovechando que las funciones pastorales las llevaban los dominicos, el párroco pasó a residir en Estella, obligando a los vecinos a desplazarse para recibir la atención que solo él podía dar, llegando al extremo de que «Cruz Ibero Lizarraga, nacido en Bearin el 14 de septiembre de 1912, tuvo que ser llevado a que lo bautizara (…) en la parroquia de San Miguel de Estella». «Se dio el caso -así lo cuentan- de un bearinés que murió sin sacramentos porque, en ausencia del párroco, se le negó en la casa de Inza la llave de los santos óleos al capellán (…), que acudió para administrarle la Extrema Unción».
«En septiembre de 1914 la situación era inaguantable. Los dominicos habían abandonado su residencia en Bearin. La parroquia estaba sola. Al capellán de la familia Lizarraga no se le permitía inmiscuirse en los asuntos de la parroquia…». Vista la situación, y como el dinero recolectado entre vecinos y concejo no daba ni para la construcción de la mitad de la iglesia, el pueblo nombró una comisión para preguntarle a Atanasia Lizarraga las condiciones en que cedería el oratorio.
Atanasia respondió: se reservaría el derecho de patronato para sí y sus descendientes; un lugar fijo en la iglesia, en el lado izquierdo del altar, próximo al presbiterio, desde donde poder asistir a las ceremonias religiosas; y la bodega existente debajo del templo, que tenía acceso independiente desde su casa (heredada por Juan Lizarraga, años después la destinó al cultivo de champiñón). Aceptadas las condiciones, el obispo de Pamplona cortó por lo sano: al párroco de Bearin lo destinó a Arizala, al de Arizala lo trajo a Bearin, y al capellán del oratorio lo llevó de párroco a Galdeano.
Complacida, Atanasia comunicó su disposición a ceder el oratorio al obispo de Pamplona -no al pueblo-, para que sirva de parroquia, y la casa del capellán para que sirviese de vicarial. El derecho de patronato (suprimidos pocos años más tarde por el papa Benedicto XV) fue sustituido por la celebración anual de un aniversario en sufragio del alma de la cedente y de los miembros de su familia, que pronto dejó de cumplirse. De esta manera, Atanasia, mediante escritura firmada el 3 de diciembre de 1914, daba forma al deseo de su hermano Tirso de donar el oratorio para parroquia, y destinar una casa para residencia del párroco.
Iglesia de San Antonio de Padua Parish, en Barotac Nuevo, reconstruida bajo los auspicios de Tirso Lizarraga.
No era la primera iglesia que costeaba Tirso. En 1910 promovió la reconstrucción de la iglesia de Barotac Nuevo, destruida en 1907 por un incendio que se creyó provocado (Durante la 2ª Guerra Mundial, para que no fuera utilizada por los japoneses, fue incendiada por orden del coronel Macario Peralta Jr. El incendio, del que aún quedan huellas en el templo, no evitó su ocupación, y el 13 de junio de 1944, Juan Maquiling se infiltró, aniquilando a todos los japoneses que encontró en su interior).
Atanasia, que a lo largo de sus 67 años de vida había residido en Calahorra, Bilbao, Madrid, y temporadas veraniegas en San Juan de Luz, fallecía en su Bearin natal el 27 de julio de 1923. Un año antes, la parroquia, que conservaba la advocación del templo viejo (San Esteban Protomartir, convertido en almacén de materiales apícolas), adoptó la advocación del oratorio: María Inmaculada.
Cuando el 29 de septiembre de 1916 murió Román Belzunce Inza, su viuda, la estellesa Benita Gertrudis Fernández Marco, se personó en Bearin para entregar 9.746 pesetas a repartir entre los vecinos, última voluntad de su esposo, y pagó cuatro varas metálicas para el palio que regalara su cuñado. Benita Gertrudis era hermana de María, esposa de Tirso.
Entre 1902 y 1938, en Filipinas, el área destinada a plantaciones de caña se incrementó en un 320%, y en 1934 el número de ingenios azucareros sumaba cuarenta y cinco, representando el azúcar el 60% de las exportaciones del país. Ingenios que cayeron a la mitad al aprobarse en 1934 la ley Tydings-McDuffie que limitaba la entrada de azúcar libre de impuestos al mercado de los EE. UU. En la foto, Tirso Lizarraga Inza, que durante el periodo norteamericano se convirtió en uno de los mayores empresarios del país.
Lizarragas:
Tirso Lizarraga Inza (Bearin 1850-1916), Según Elena Lizarraga Potestad, su abuelo, segundo de los hermanos y sin posibilidades de heredar tierras en el pueblo, con 17 años, tras un viaje que le llevó tres años, llegó a las islas en 1866, donde desde hacía tiempo se encontraba su hermanastro Francisco Belzunce Arlegui.
Su primer trabajo fue en la casa mercantil de Adolfo Díaz Lasarte, de donde pasó, como director, a la sucursal que Ynchausti y Cía “YCO” había abierto en Iloílo, capital económica de Filipinas en el siglo XIX; segundo puerto en importancia del país, por el que salían los productos de la industria azucarera, principal exportadora de productos agrícolas del país (cuando llegaron los españoles, la caña de azúcar ya se cultivaba en Filipinas. Empezó a adquirir relevancia cuando en 1856, Nicholas Loney, vicecónsul británico, convenció a la estadounidense Russell & Sturgis que abriera sucursal en Iloílo y ofreciera préstamos a los cultivadores, fruto de lo cual la producción de azúcar se multiplicó por veinte entre los años 1860 y 1890).
Para Ynchausti Co., Tirso compró el 20 de agosto de 1883 una finca que en 1870 Juan Reyna obtuvo por concesión administrativa del gobernador político-militar de las Visayas, cuya propiedad vendió en 1881 a Francisco García.
Ynchausti le propuso «ser socio del negocio (…), pero Tirso, que por entonces ya había adquirido terrenos y haciendas en las islas de Luzón y Negros Occidental, rechazó», montando con sus hermanos Mónico y Severiano la casa Lizarraga Hermanos, con negocios en Manila, Iloílo, Luzón y Visayas.
Una vez establecido, y con los negocios en marcha, el 27 de diciembre de 1881 se casó por poderes con María del Socorro Fernández Marco, vecina de Estella, que a los 37 años falleció desangrada en su cuarto parto. Cuando se casaron, Tirso tenía 28 años, y María 21.
Montaje de Tirso Lizarraga Fernández junto a la sede de Lizarraga Hermanos. Cabeza de los negocios que montó su padre, fue uno de los más exitosos empresarios de Iloílo durante la era estadounidense.
Familia Lizarraga Fernández:
Tirso Lizarraga Fernández (Iloílo 1888, Manila 1945), el mayor de los hijos, bajo de estatura y enjuto, educado en España, Francia y Escocia, a donde lo envió su padre para que adquiriera los conocimientos técnicos necesarios para llevar las refinerías de azúcar que pensaba crear, a la muerte de su padre asumió el liderazgo de los negocios, montó una naviera de cabotaje para comerciar entre las islas, y, además de presidir las industrias familiares, fue director de la Asociación Nacional de Proteccionismo Económico (NEPA), director de Industrias Consolidadas Inc., tesorero y director de la Asociación Nacional del Proteccionismo Económico (NEPA), vocal del Casino Español de Manila, miembro de la Cámara de Comercio de las Islas Filipinas (la presidió entre 1922 y 1924), de la Asociación Filipina del Azúcar, del Club de Golf de Manila, etc.; del Real Automóvil Club madrileño y del Casino de Madrid.
Su primera esposa, Fermina Galar, nacida en Pamplona el año 1894, con la que casó en Bearin el 25-10-1916, sin dejar descendencia falleció de peritonitis al poco de casarse. Como casi todos los españoles en las islas, Tirso, estando viudo, tuvo relaciones con nativas, de las que nació Trinidad Lizarraga, cuyos abuelos maternos, al ver sus rasgos europeos, para evitar habladurías la entregaron al cuidado de unos familiares. Trinidad casó con el senador Felixberto Verano, matrimonio del que nació la congresista Lorna Verano-Yap (después de que Tirso falleciera, sus hijas se enteraron de la existencia de su primera esposa y de su hija natural, datos que el padre les había ocultado).
Estando en Madrid, en una puesta de largo conoció a Nadine Potestad Jenny, perteneciente a una rica familia hispano-rusa (la familia Jenny tuvo que abandonar Ucrrania al establecerse el régimen comunista, estableciéndose en Dresde, Alemania. En Ucrania tenían el complejo Ramenegorka, dedicado al procesamiento de la remolacha azucarera), con la que se casó, el 23 de junio de 1920, en la iglesia madrileña de San Fermín de los Navarros. Él tenía 32 años y ella 19.
Nadine -nos dice su hija Elena-, «delgada y muy alta – bastantes centímetros más que Tirso, que a su lado parecía pequeño-, inteligente, poseedora de un encanto especial, de excepcional hermosura, grandes ojos oscuros, hechura perfecta», acostumbrada a Madrid, París o Londres, no se adaptó al clima de Iloílo, caluroso y húmedo en extremo, por lo que el matrimonio trasladó su residencia a Manila, donde Nadine causó expectación y la hizo suya.
A los tres años de casada, en enero de 1923 tuvo a su hija Elena “Nena” (falleció en Sitges en 2009), a la que pusieron el nombre de su abuela rusa. Dos años después nació María Victoria “Vicky” (fallecida en Barcelona en 1998), y, al año, María Rosa “Baby”, su última hija, asesinada por los japoneses durante la ocupación de las islas.
Estudiando en Inglaterra, cuando se barruntaba el comienzo de la 2ª Guerra Mundial, haciendo uso de sus pasaportes filipinos fueron a estudiar a Filadelfia. Siete años más tarde, temiendo Tirso que EE. UU. entrara en guerra contra Alemania, en marzo de 1941 regresaron a Manila. Procurando protegerlas, no pensó Tirso que las llevaba a la boca del lobo: al declarar Japón la guerra a los EE. UU., Manila se convirtió en campo de batalla.
La pobreza del pueblo no impedía que algunas familias hicieran ostentación de su hidalguía. En la parte inferior del escudo, la leyenda con la que quiso inmortalizarse: Christobal de Andueza.
Cuando los japoneses tomaron Manila (2 de enero de 1942), en la Universidad de Santo Tomás encerraron a todos los extranjeros. En un primer momento los españoles se libraron gracias al pacto entre Japón, Alemania e Italia, al que indirectamente se adhirió España. Pero cuando en octubre de 1944 el ejército estadounidense desembarcó en Leyte y los japoneses se sintieron perdidos, iniciaron una espiral de violencia y sadismo que los llevó a querer asesinar a todos los habitantes de Manila. Según Elena Lizarraga, «no podían tolerar que el resto del mundo se enterase de su humillación, así que se negaron a abandonar el país por las buenas y se produjo una matanza indiscriminada».
Cierto día -sigue relatando Elena-, la casa del Dr. Rafael Moreta, donde estaba refugiada la familia de Tirso Lizarraga Potestad (por dos veces había rechazado refugiarse en el campo), fue bombardeada y comenzó a arder, por lo que tuvieron que abandonarla y refugiarse en la única casa que estaba en pie en los alrededores. A las pocas horas llegaron los japoneses, les obligaron a ir al Hospital General, ametrallándolos por el camino.
«La pierna de Vicky fue cercenada de una ráfaga y quedó colgando de rodilla para abajo solo sujeta por un trozo de piel (…) Pepe (José Manuel “Pepe” Maldonado, Conde de Aldana y alto empleado de Tabacalera, con el que Elena Lizarraga Potestad estaba casada) la arrastró como pudo hasta la acera (…), y Lilia Bass (enfermera) le practicó un torniquete (…) También yo fui herida en la pantorrilla derecha (…) En medio del caos se produjo una desbandada general (…) Algunas personas fueron asesinadas allí mismo».
Refugiadas en un pequeño bunker, «después de una noche infernal (…) conseguimos escapar de aquella ratonera infecta, dejando a Vicky, cuyo estado empeoraba por momentos -deliraba-, al cuidado de una enfermera (…) Mi pobre hermana soportó un auténtico calvario, sin comida ni bebida, en el interior de aquel refugio subterráneo. Al cabo de unos días, un soldado nipón, malherido o muerto, cayó accidentalmente dentro con una granada en la mano». Como pudieron salieron del bunker, y Vicky quedó malherida, tirada en la calle, bajo un sol abrasador. Esa noche se acercaron unos soldados japoneses, y a Vicky «le dieron una paliza monumental hasta dejarla medio muerta».
Manila quedó destruida, especialmente los barrios de Malate, Ermita e Intramuros, desapareciendo buena parte del legado arquitectónico y cultural de España en las islas. Los japoneses asesinaron a más de 100.000 civiles, 238 de la colonia española. Según fray Bienvenido de Arbeiza, al mando de la misión capuchina en Filipinas, el 5 de febrero de 1945 obligaron a los habitantes de intramuros -barrio antiguo de Manila- a concentrarse en el cine Hollywood, la iglesia de San Agustín, la de San Francisco y la Catedral. La noche del 19 de febrero sacaron a los de San Agustín y los condujeron a unos refugios, donde les dijeron que se agruparan por ser breve la estancia. Estando unos ochenta, de pie y apretados, iniciaron una matanza lanzando bombas y granadas por los tragaluces, recibiendo con tiros de fusil y de ametralladora a los que intentaban escapar por la puerta. Solo quedaron con vida el agustino P. Belarmino Celis y el seglar Sr. Rocamora, que, gravemente heridos, esperaron hasta el día siguiente la llegada de los americanos. Previamente, a dos seglares les habían dado fuego rociados de gasolina, y degollado a los tres capuchinos al cargo de la parroquia de Singalong. De las veinte iglesias de la Manila intramuros solo quedó en pie, deteriorada, la de San Agustín. Foto: United States Army
El 17 de febrero llegaron otros japoneses a la casa donde estaban refugiados, separándolos por sexos en distintas habitaciones. Sonaron unos disparos, una bala perdida agujereó el cuello a Elena, y un japonés, «tras sacarme a patadas (…) me asestó dos bayonetazos en la espalda, uno de los cuales me atravesó el pecho derecho (…) Después de mí hicieron salir de la cocina de uno en uno al resto de mis compañeras y a los niños, y presencié las atrocidades que cometían contra ellos (…) Una chica joven, en avanzado estado de gestación, cayó sobre mí al ser herida en pleno abdomen de un bayonetazo. Y así uno tras otro hasta formar una montaña de cuerpos (…) Era tanto el peso que soportaba, sin un resquicio libre por donde asomar la nariz, que temí morir asfixiada y, sin embargo, fue así que me libré de morir. A los de encima los remataron a tiros (…) Al rato, alguien de los nuestros, no recuerdo quién, se acercó a mí y, antes de que acertara a preguntarle, me dio el siguiente parte: Creo que tu padre está muerto en el patio (de tiro en la nuca), y tu marido, herido de consideración en el cuarto de baño. Ignoro si vive aún».
En el baño, «Pepe estaba sentado en la bañera (…), sujetándose el pie, del cual conservaba un muñón, rodeado de cabezas, piernas y brazos diseminados por doquier (…) Calcula si soy bruto -le dijo- que, para desviarla y que no explotara aquí dentro, la he chutado con el pie y mira… Se refería a la bomba de mano que los soldados japoneses habían arrojado en el interior del baño».
Su hermana María Rosa “Baby”, que se había hecho cargo de Tirso Maldonado Lizarraga, hijo de Elena, llegó «con el niño en brazos y me lo tendió. Estaba frío como un témpano, pese al intenso calor». Baby había «aprovechado un descuido de los japoneses para esconder a Tirso en el interior de una nevera sin uso (…) Abandonó su precario escondrijo a destiempo y, al ser descubierta, fue disparada dos veces en la barriga». María Rosa murió minutos después. Tenía 18 años.
«A raíz del bayonetazo en el pecho se me había cortado la leche. Gracias a una pobre mujer que había perdido a su bebé y se ofreció a alimenta a mi hijo, Tirso pudo comer algo».
Un año después Manila recuerda el asesinato de Tirso Lizarraga Fernández y de su hija María Rosa Lizarraga Potestad.
«Esa misma noche, los japoneses, armados y con potentes linternas, regresaron al escenario de sus crímenes para rematar su barbarie (…) Lanzaron una bomba incendiaria para asegurarse de que no quedaran supervivientes (…), y tuvimos que huir (…) Nos dirigimos a la casa de la familia Chicote (…) Un grupo de japoneses irrumpieron (…) Había un oficial que dio la orden al más joven de ellos de matarnos a todos (…) El muchacho esperó a quedarse solo (…) Hizo la señal de la cruz (…), simuló que nos daba muerte uno a uno (…), y desapareció (…) Unos días después (…) vi surgir a una enfermera de la Cruz Roja (…) A los malheridos (…) nos condujeron (…) a Santa Ana, una fábrica de bordados donde había sido instalado un hospital de campaña. Allí también había ido a parar Vicky, la víspera, cuando le realizaron una operación quirúrgica a vida o muerte (…) Había pasado ocho días (…) sin agua ni comida (…) La gangrena se había extendido por encima de la rodilla, y del interior del pie podrido afloraban gusanos». Estando en el suelo, sin atender, la vio el Dr. Gómez, que al reconocerla se hizo cargo de ella. La ataron a un banco, a falta de anestesia le dieron a morder un pañuelo, y sin el instrumental adecuado le amputaron la pierna izquierda.
«Dos días más tarde compareció el coronel Soriano (…); no me reconoció ni al grito de “tío Andrés” (Andrés Soriano Ayala-Roxas, amigo de la familia, una de las personas más importantes y destacadas en el ámbito político y económico de las Islas durante el siglo XX. Propietario de Cervezas San Miguel, fabricada inicialmente por los Agustinos de Cebú con fines medicinales, se convirtió en el más rico de Filipinas). Acababa de enterarse de lo de Tirso y Baby. Fueron trasladados (las dos hermanas y el marido de Elena) al Quezon Institute, hospital regido por médicos norteamericanos (…) Yo, exceptuando algunas cicatrices y un resto de metralla alojado en mi pantorrilla izquierda (…), no tengo secuelas físicas».
Los cuerpos de su padre y de su hermana María Rosa “Baby”, «presa del fuego; ignoro en qué estado se encontraba cuando fue enterrado, si es que llegó a ser enterrado, que no lo sé con certeza». Tirso tenía 56 años. María Rosa, 18.
En la foto, el puerto de Iloílo cerca de 1900 (el nombre es una adaptación al español de Irong-Irong, nombre original, al igual que Manila deriva de Maynilad). Iloílo se convirtió en uno de los centros comerciales más importantes del país, y en él el gobierno británico abrió un viceconsulado. Abiertas las islas en 1834 al comercio internacional, a Iloílo llegaron compañías inglesas, alemanas, francesas y norteamericanas atraídas por el cultivo de la caña de azúcar, el tabaco, el añil, el café o el abacá (cáñamo de Manila, muy resistente y utilizado principalmente en los barcos).
El 7 de diciembre de 1945, ante el Tribunal militar que juzgó a Tomoyuki Yamashita “El tigre de Malasia”, Elena Lizarraga declaró:
- «Las mujeres fuimos conducidas a la cocina. Algunas se pusieron histéricas y entonces dispararon dos tiros, uno de los cuales me hirió en el cuello. La mujer que estaba a mi lado, horrorizada de verme sangrar a lo bestia, pidió ayuda a nuestros agresores, diciendo: “medicina”, “medicina”. Pobre ilusa… A partir de ese momento se complicaron las cosas… Uno de ellos, el más sanguinario de todos, me sacó a patadas de la cocina, repitiendo: “medicina”, “medicina”. Después… después de eso ya en el hall, o sea en el lugar a donde me condujo aquel energúmeno, un hombre de hielo que no sentía ni padecía, recibí dos bayonetazos en la espalda que me hicieron caer. Tirada en el suelo, medio muerta, vi todo lo que pasaba… a las mujeres y a los niños llegar de uno en uno y cómo se los cargaban…
- Dé al Tribunal su estimación sobre el número de mujeres y niños que vio asesinar por los japoneses en el hall
- Tampoco estoy segura al respecto, pero alrededor de 30 o 35. Entraban al hall de uno en uno y, cuanto más se resistían y forcejeaban, más profundamente les clavaban la bayoneta. Aquello fue un baño de sangre.
- Antes de sacarla de la cocina ¿le robaron algo?
- Oh, sí, las cosas de oro que llevaba encima.
- ¿Recuerda cuántos japoneses, cuántos miembros de las Fuerzas Armadas japonesas había en la casa cuando estos asesinatos tuvieron lugar?
- Alrededor de veinte”.
Declarado culpable, Yamashita fue ejecutado el 23 de febrero de 1946. «El fresno que le sirvió de patíbulo fue reducido a cenizas inmediatamente, para que no quedara rastro de él ni pudiera algún día convertirse en lugar de reunión o veneración».
Calle Ledesma, Iloílo. La ciudad es una de las más urbanizadas y compactas del país. Sus edificios, reconstruidos tras el incendio de 1899, muestran clara influencia española. Conocida por sus antiguas iglesias y sus tejidos de “jusi” (seda cruda) y “piña” (fibra de piña), es sede de la Universidad Central de Filipinas (1905), la Universidad de San Agustín (1904) y el Colegio Estatal de las Visayas Occidentales (1924).
Vicky, invitada por Carmen Soriano (Carmen de Montemar, esposa de Andrés Soriano) fue a los EE. UU., donde en el Sant Mary´s Hospital de San Francisco le colocaron una prótesis. Regresó a Filipinas, pero los dolorosos recuerdos le llevaron a abandonar el país y la trajeron a Barcelona, donde se movía en un Buick descapotable, matrícula de Tánger, que llamaba la atención.
Alojada en el Hotel Majestic, en el Paseo de Gracia, despertó el interés de Jaime Bofill-Gasset, que vivía enfrente. Se casaron en junio de 1953, en la capilla del Real Club de Polo de Barcelona, y en noviembre de 1960 nació Nadine, su única hija. Vicky falleció en Barcelona el 16 de septiembre de 1998.
Su esposo, Jaime Bofill-Gasset, cuando se produjo el Alzamiento militar se encontraba de vacaciones en la Cerdaña francesa. Regresó, se alistó en el Tercio de Monserrat, combatió en Codo (de los 182 requetés que lo defendían fallecieron 146). Herido gravemente tres veces, se despertó prisionero. En el castillo de Montjuic sufrió dos falsos fusilamientos sin conseguir que hablara. Se fugó a Francia, volvió a su unidad, y por méritos de guerra le concedieron la Cruz Laureada de San Fernando, que sumó a la colectiva del Tercio Nuestra Señora de Monserrat.
Central Bearin en Kabankalan, conocido como la “Pequeña España de Negros”. De la gran casa de la hacienda solo se conservan algunos pilares, cuyos ladrillos proceden de México. En los terrenos de la central está la escuela primaria de Linao y otras construcciones. El 20 de mayo de 1913, siendo gerente Severiano Lizarraga, arrendaron la hacienda Nahalinan, por un periodo de seis años, realizando en ella mejoras: nueva prensa hidráulica, reconstrucción de la vivienda, construcción de nuevas casas para los trabajadores, construcción de camarines, construcción de una chimenea, reconstrucción de hornos, instalación de nuevos refrigeradores, compra de herramientas agrícolas, carabaos, etc.
Carmelo Lizarraga Fernández, después de la 2ª Guerra Mundial, junto con Federico Pérez, de Tabacalera (Compañía General de Tabacos de Filipinas, S. A., antecesora de La Tabacalera, fundada en 1881 y primera multinacional española, una de las empresas más importantes del país), P. Eugenio Jordán O.P., antiguo rector de la Universidad de Santo Tomás “UST”, el P. Vidal Yraeta, O.S.A., antiguo rector del Colegio/Universidad de San Agustín de Iloílo, y José Manuel “Pepe” Maldonado, conde de Aldana, de Tabacalera, casado con María Elena “Nena” Lizarraga, fundó la organización que gestionó el antiguo Hospital Español de Santiago, en Makati, y la Sociedad Española de Beneficencia. Casó con la estellesa María Dolores Lorente Martínez de Morentin (Estella 1890, Pamplona 1986).
-Jesús Lizarraga Fernández, falleció de epilapsia, muy joven, a principios de la década de 1930, heredando su viuda.
-María Lizarraga Fernández, el 15 de enero de 1919 casó en la iglesia de Bearin con Víctor Martínez Lope-García (1892-1957), boda apadrinada por Francisco Martínez Alsúa, padre del novio y diputado de la Diputación Foral de Navarra, e Isabel Belzunce, prima de la novia. Víctor, nacido en Pergamino, Argentina, de padre navarro vinculado al carlismo, durante la Guerra Civil de 1936 ejerció de capitán médico en el Tercio María de las Nieves, y fue director-médico del Hospital Alfonso Carlos de Pamplona. A finales de 1938, a través suya, y con destino al citado hospital y a la Delegación Navarra de Frentes y Hospitales, Lizarraga Hermanos envió desde Manila 275.000 cajetillas de tabaco, una de las mayores donaciones recibidas.
Víctor estudió la carrera de medicina en Alemania, y durante la Gripe del 18 ejerció la profesión en Estella, ciudad que le quedó agradecida. El 26 de octubre de 1918, La Merindad Estellesa llevaba el siguiente reconocimiento a quienes habían atendido a las víctimas de la Gripe de 1918: «…Pero entre todos, merece especialísima mención el joven médico y distinguido paisano nuestro D. Víctor Martínez Lope-García; este querido amigo nuestro y la persona que secundaba sus actos (cuyo nombre no citamos por no ofender su reconocida modestia y virtud) son dignos de toda alabanza por su desinterés, abnegación y caridad (…) La Merindad Estellesa, deseando patentizar a dicho Sr. el agradecimiento por su conducta, abre una suscripción (…) para regalar un bastón al Sr. Martínez, que le sirva de recuerdo de su buen comportamiento y sea ejemplo de sus hijos. De hombres es el ser agradecidos (…) Los pueblos de Améscoa piden al Gobernador que se le conceda la Cruz de Beneficencia».
Fue presidente del Casino Español de Manila, ciudad a la que se trasladó el matrimonio para gestionar los intereses económicos de la esposa. Regresados a España en 1946, residieron en Madrid sin perder su vinculación con Navarra, donde su hijo Víctor Martínez Lizarraga, médico otorrino al que tuve la suerte de entrevistar, residió en Pamplona hasta su fallecimiento el pasado año.
-Felipe Fernández y Acuña, primo hermano por parte materna, que había trabajado con sus primos en Lizarraga Hermanos, fue líder de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS en Filipinas.
-Florián Fernández Marco, hermano de la madre de Tirso Lizarraga Fernández, durante el incendio de una finca murió quemado al ser tirado por el caballo.
Composición de la Central Bearin y los Lizarraga. De izquierda a derecha: Carmelo Lizarraga Fernández, Severiano Lizarraga Echávarri, Guillermo Lizarraga Echávarri y Tirso Lizarraga Fernández.
Empresas: En la razón social Lizarraga Hermanos (miembros de la Asociación Azucarera Filipina, y de la Cámara de Comercio Española en Filipinas, donde en sus memorias figuran como hacenderos, navieros, comisionistas, consignatarios, importadores y exportadores), fundada en Iloílo en 1880 (calle Progreso, actual De la Rama), participaban a partes iguales los hermanos Tirso, Carmelo, María y Jesús. Con sede en Bacolod e Iloílo, y sucursales en Manila y Cebú, pronto se convirtió en uno de los principales fabricantes y exportadores de azúcar, y formó un conglomerado que incluía:
-Central Bearin, fundada en 1913, es una de las más antiguas de Filipinas, pues su fundador, Tirso Lizarraga, «fue el alma y genio que dio prosperidad a la agricultura en isla de Negros, bastante incipiente en aquel entonces (...) La Central Bearin constituye un pequeño pueblo, pues cuenta con bonitos chalets para empleados y para los jornaleros, embarcadero y depósito propios; un puente de hierro de ciento veinte metros de largo; un molino de once “bolas”, con el importante aditamento de presión hidráulica, y muele actualmente cuatrocientas toneladas de caña dulce cada 24 horas de labor constante. Para la fabricación del azúcar posee también dos grandes tachos al vacío y un cuádruple efecto, más ocho centrífugas de alto precio. Toda la fuerza motriz es producida por cinco calderas con un total de diez mil pies cuadrados de superficie de calefacción. Para el abastecimiento de caña dispone de un ferrocarril de 26 kilómetros, tres locomotoras y numerosos vagones. Tanto el ferrocarril como el total de la maquinaria de la fábrica, son de procedencia inglesa, de la marca Mc Neil & Co. Lid. De Glasgow».
- Kabankalan Sugar Co. Inc. (KASUCO), creada el 27 de enero de 1919 con un capital social de millón y medio de pesos en moneda filipina, dividido en siete mil quinientas acciones nominativas. En los 61 artículos de sus estatutos fundacionales, impresos en español, consta: Art. 1): el objeto de la sociedad será, «Primero, la explotación de una Central azucarera llamada “BEARIN”, en el municipio de Kabankalan, con los terrenos contiguos o cercanos que la sociedad poseerá en dicho municipio y en el de Ylog. Art. 2º), la explotación de los terrenos que pueda adquirir en arriendo en dichos Municipios. Art. 3º), la explotación -y construcción- de las líneas férreas que necesite para el negocio. Art. 4º), el establecimiento y explotación de almacenes de depósitos, talleres de reparación, herrería, carpintería, fundición, fabricación de azúcar, cultivo de caña dulce, fabricación de alcoholes etc. etc. Art. 5º), cualquier negocio u operación que convenga al desarrollo y crecimiento de los intereses propios del objeto Social según costa en la Escritura de Incorporación, firmada en Iloílo».
Art. 24): Los accionistas que no gocen de la plena capacidad jurídica, como las mujeres casadas, los menores de edad etc. o que tengan el carácter de corporaciones, asociaciones u otras entidades legales, estarán representadas en las Juntas Generales como los demás actos relacionados con la Compañía, por sus representantes legales.
Art. 33): Para ser Director se requiere estar en pleno ejercicio de los derechos civiles y tener inscritas a su favor por lo menos diez acciones. Estas acciones serán previamente depositadas en la Caja de la compañía, en calidad de fianza del cargo del elegido y serán inalienables hasta que cese el interesado y disponga la Directiva su devolución y cancelación de la fianza.
Art. 39): Corresponde a la Directiva o consejo administrativo formar la plantilla del personal necesario. Nombrar al administrados Gerente. Superintendente, Químico, Ingeniero o Ingenieros de la construcción y conservación de vías y Central, Secretario, Abogados y contador o jefe de contabilidad. Fijar los sueldos, etc.
En una fecha que desconozco, trasladó sus oficinas a El Hogar, Intramuros, Manila.
Lissar Retail Co. Inc., una de las empresas de Lizarraga Hermanos, fabricante de jabón Duck Soap en pastillas y Fluffies en copos para lavar la ropa; jabones de tocador Lissar/Imperial Jade, de almendras y perfumados de lujo; tenía licencia para fabricar los cosméticos Hinds y Jergens. Sus perfumes competían con los perfumes franceses y estadounidenses.
- Lissar Retail Co. Inc., fundada en 1936, con sede en Bacolod e Iloílo, fue una moderna fábrica de jabones, perfumes, cosméticos y artículos de tocador, nunca vista antes en el país. Contaba con tiendas minoristas en Iloílo, Manila y Cebú, y fábrica en Casa Hacienda de los Ayala en San Pedro Makati, a orillas del río Pásig (construida por los jesuitas entre 1600 y 1700, requisada por los japoneses, fue utilizada como almacén de municiones). La fábrica estaba al cargo de un químico francés, contrató químicos catalanes, contaba con cinco edificios principales, una plantilla de unas 150 personas, y producía unas 8.000 toneladas de productos que comercializaba en las tiendas minoristas de todo el país y exportaba al extranjero.
Cuenta Elena Lizarraga en sus memorias, que, durante la ocupación japonesa, «las reservas de jabón de tocador que tenía Lissar nos sacaron de infinidad de apuros».
- Forest Sugar Co., en Negros Occidental. Con el nombre de forest sugar se conoce al azúcar de arenga, edulcorante natural obtenido de la savia de la palma arenga, de bajo índice glucémico y riqueza en calcio, magnesio, hierro y potasio. Ignoro si esta empresa se dedicó a su extracción y comercialización.
- Mount Arayat Sugar Co., en Pampanga y sede en Luzón. El monte Arayat, situado en la isla de Luzón, es un volcán potencialmente activo, que se erige en medio de una región agrícola plana.
- Bodega en el Muelle Loney, Iloílo. Puerto histórico de Iloílo, clave para el comercio marítimo.
- Intereses en La Urbana, sociedad mutua de construcción y préstamos, de la que fue director; Philippine Aerial Taxo Co. Inc. (PATCO), que operaba los vuelos Manila-Baguio y Manila-Camarines Norte, actual Philippine Airlines (PAL), primera línea comercial de Filipinas, fundada en 1930, en la que fue secretario; y The Mortgage Bank (Banco Hipotecario), en las que los miembros de la familia ocuparon puestos en los consejos de administración.
- Importadores y distribuidores de calzado y otros productos.
- Fabricantes de ladrillos con el nombre La Asturiana.
Conquistada la isla de Panay, Miguel López de Legazpi estableció su sede en Cebú, y en la isla de Ogtong creó en 1566 el primer asentamiento español. Debido a las frecuentes incursiones de moros y corsarios holandeses, trasladó la sede a un emplazamiento cerca de la desembocadura del río Irong-irong, fundando la ciudad de Iloílo, construyendo en 1616 el fuerte de San Pedro para defenderla. En 1896 la ciudad recibió, como premio a su lealtad por ser el último baluarte de las tropas españolas en las Bisayas, un escudo de armas con la inscripción “La Muy Leal y Noble Ciudad de Iloílo”. Desde entonces, Iloílo es conocida como La Reina del Sur.
-Ferrocarril. El 5 de marzo de 1918 las autoridades filipinas autorizan a la firma Lizarraga Hermanos una franquicia para establecer, construir, equipar, mantener y operar un ferrocarril para el transporte de carga y pasajeros entre los municipios de Kabankalan e Ilog, en la provincia de Negros Occidental, de una longitud aproximada de catorce kilómetros, por un periodo de noventa y nueve años.
La concesión lleva aparejada la condición de «no participar ni apoyar, mediante contribuciones en efectivo o de otro tipo, ninguna propaganda dirigida contra la política del Gobierno de los Estados Unidos (…), ya sea bajo el pretexto de intereses creados o bajo cualquier otro pretexto, y que dicho concesionario se comprometerá además a exigir un compromiso similar a sus administradores, agentes, sucesores y concesionarios».
Otorga el «derecho de paso de treinta metros de ancho a través de las tierras públicas del Gobierno de Filipinas para los fines de la franquicia, así como para la construcción de estaciones y edificios de estaciones, talleres de maquinaria (…) estaciones de agua, almacenes, terminales, incluyendo muelles, frentes de dársena, agujas, desvíos y plataformas giratorias».
«También tendrá derecho a adquirir mediante contrato, acuerdo o, en última instancia, mediante expropiación, los terrenos necesarios para su derecho de paso de treinta metros o para puentes, terminales, etc. (…), o para rellenos, cortes, excavaciones y canteras, o para la desviación de cursos de agua, caminos de carretas, drenaje de tierras pantanosas, presas y otras obras necesarias para la protección de la vía contra inundaciones»
Entre las obligaciones, «abonarán trimestralmente al Tesoro Insular la mitad del uno por ciento de los ingresos brutos del tráfico de pasajeros y mercancías del ferrocarril durante los primeros treinta años; después de este período, durante cincuenta años, el uno por ciento de dichas ganancias; y después del mencionado período de ochenta años, el dos por ciento de dichas ganancias».
En noviembre de 1920, Kabankalan Sugar Co. Inc., que tenía de gerente a Guillermo Lizarraga, demandaba a Josefa Pacheco el «derecho de paso en y a través de la finca Hilabangan para un ferrocarril por un período de veinte años (…). Además, se obligaría por un período igual a entregar toda la caña de azúcar producida en la finca Hilabangan al ingenio azucarero de la demandante, conocido como Central Bearin» perteneciente a Kabankalan Sugar Co. Inc. En septiembre de 1922 era gerente Benito Belzunce, y en octubre de 1924, Ignacio Benito-Huarte, de Estella, plaza Santiago N.º 6, hoy 44..
Panteón de la familia de Tirso Lizarraga en el cementerio de Estella.
Durante la ocupación japonesa, las haciendas y refinerías siguieron trabajando hasta ser bombardeadas (la fábrica de perfumes y las tiendas tuvieron que cerrar), y, tras la guerra, con las indemnizaciones recibidas la familia pudo poner en funcionamiento las haciendas. La viuda de Jesús, y María, vendieron su participacion a Carmelo, que pasó a gestinonar los negocios, quedando Elena y Vicky, hijas de Tirso, como accionistas. Pero tras el asesinato de Tirso, las dificultades para pagar a los acreedores y reconstruir los negocios llevaron a los herederos a tener que desprenderse de buena parte de sus propiedades en Filipinas. Central Bearin, Kabankalan Sugar Co. Inc, las siete haciendas que tenían en Negros Occidental (en total tenían doce haciendas: La Castellana, Najalinan, Canticbil, Hilabangan, Daan-Subá, Nandong, San Juan-Calasa, Bombón-Linao, Zona I, Zona II, Flora y Azucena y Kabankalan), y sus propiedades en Iloílo y Manila, las vendieron a Félix Jalandoni. Parte de las tierras de Central Bearin pasaron a la Hacienda San Lucas, del clan Azcona. Y Lissar Co. a Luzón Industrial Co., de Jesús Amado Sitchon Araneta, magnate azucarero.
Hacia el año 1954, Elena y Vicky Lizarraga, hijas de Tirso, cansadas de no recibir los beneficios que les correspondian, obligaron a disolver la sociedad y a vender lo que quedaba del emporio.
Los hermanos de Tirso Lizarraga Inza dieron origen a otras líneas, sobre las que quizá, por alcanzar menor relevancia económica y social, hay menos información:
Entre sus nietos, Vicente Lizarraga Conejero,casó con Carmen Santaromá Ballesca, directivo de la organización Philippine Jaycees.
Su primo hermano, el abogado Alfonso Félix Lizarraga Jr., fue hispanista, fundador y expresidente de la Sociedad de Conservación Histórica.
Los Lizarraga Martínez de Bujanda, de Negros Occidental y Manila, descendientes de Severiano Lizarraga Inza, casado con Cruz Martínez de Bujanda Díaz, y en segundas nupcias con Josefa Agus Liparza, establecieron amplias relaciones con el clan español de Negros Occidental.
Su hijo, Severiano Jr., casó con Rosa Álvarez Pérez, de Negros Occidental, miembro del clan Pérez, descendiente de carlistas gallegos que hacia 1840 emigraron a las Bisayas Occidentales después de la Primera Guerra Carlista.
Otro hijo, Joaquín, nacido en Estella en 1885, casado con Erenia Barandiarán, presidente del consejo de administración de Fundiciones de Vera y consejero de Fundiciones de Alsasua. De ideología nacionalista, declarado el Alzamiento militar se trasladó de San Sebastián a Alsasua, por creerse más seguro. Fue fusilado, junto con dos de sus hijos, en 1936. Su cuerpo, arrojado a la sima de Otsoportillo en Urbasa.
Un tercer hijo, Guillermo, ex gerente de Kabankalan Sugar Co. Inc., falleció en noviembre de 1926, a la edad de 50 años. Está enterrado en la iglesia de San Agustín, Intramuros, Manila. Casado con Elvigia Gil, tuvo cinco hijos: Rosa, Guillermo, Francisco, Adelaida y María Isabel. Elvigia, al quedar viuda, regresó a Pamplona con sus hijos. El segundo de los varones, el capitán de aviación Francisco “Pachi” Lizarraga Gil, nacido en Kabankalan, casó con María Dolores Lacalle, hija del teniente general José Daniel Lacalle Larraga, ministro del Aire de Franco. Tuvieron nueve hijos. Francisco falleció en Madrid en la década del 2000.
El archipiélago filipino, formado por 7.107 islas, divididas en tres grupos: Luzón, Bisayas y Mindanao. En el centro inferior del mapa, las islas de Panay y Negros, donde se estableció la colonia estellesa.
Los Lizarraga Echávarri, descendientes de Francisco Lizarraga Inza y de Paula Echávarri. De los siete hermanos, Jovita Lizarraga Echávarri casó con Félix Díaz Martínez (Zufía 1875/Estella 1962), abogado, concejal de Ayuntamiento de Estella (1917-1932), diputado y vicepresidente de la Diputación Foral de Navarra (1935-1940). El matrimonio adquirió la finca de Muru, que en 1950 vendieron a la familia Guardamino, de San Sebastián. Pocos años después, estando los administradores celebrando la Nochebuena, unos ladrones cargaron en un camión todo lo que había en la planta baja del caserío.
Un hermano de Félix, José Luis Díaz Martínez, emigró a Filipinas, donde estuvo cerca de diez años vendiendo quincalla con una furgoneta que llevaba pintada en la lona “El porvenir en duda”.
Juan Lizarraga Inza, hermano mayor de Tirso, quedó en Bearin como heredero de la hacienda familiar. Tuvo dos hijos (Félix y Raimundo “Pichirichi”) y tres hijas. Félix, que heredó la hacienda, tuvo cuatro hijos: dos murieron de niños por una epidemia de tifus que se declaró en el pueblo, una niña murió de moza, y el otro hijo, Juan José, terminó casi en la indigencia. Cuando Félix enviudó, casó con Andresa Eizaguirre, la vasca, nacida en un caserío de Deva, empleada de hogar para la familia Andonegui, originaria de ese pueblo guipuzcoano.
Raimundo “Pichirichi” nació en 1902 en el pueblo nuevo, y estuvo cuatro años en Filipinas, en casa de sus tíos. Se cuenta que, junto con otro, apodado El Rojo, se establecieron en San Carlos, Negros Occidental, con intención de poner un bar. Lorenzo Echarri, del que hablo más abajo, les ofreció los bajos del Casino Español; lo rechazaron, montando el bar en un descampado a medio camino del pueblo a la base americana. Se compraron una pajarita, que se la alternaban según les tocara hacer de camarero o de relaciones públicas, y como al bar no entraba nadie, se entretenían pidiendo, alternativamente, un güisqui para el relaciones públicas. Poco a poco se bebieron el bar, y regresaron a Estella con los billetes que les dio Lorenzo Echarri.
Román Belzunce Inza, hermano por parte de padre de Francisco Belzunce Arlegui, y de Atanasia Lizarraga Inza por parte de madre.
Belzunces:
Francisco Belzunce Arlegui -del que ya he hablado-, residente en Filipinas, se casó con Atanasia Lizarraga Inza, hermana de Tirso e hija de Rosa Fidela Inza, segunda esposa de su padre. Tuvieron seis hijos: José, Luis, Raimundo, Rosa, María y Eliseo.
Tras años de participar en negocios comunes, se separaron de los Lizarraga, liquidaron sus intereses en Filipinas (Hacienda Socorro), y la mayoría regresaron a España, lo que les libró de padecer la ocupación japonesa.
Su hijo José Belzunce Lizarraga, cuya esposa, Clara González, padecía asma, se estableció en Andosilla, Navarra, donde aprovechando el agua del río Ega construyó centrales eléctricas en Andosilla y Cárcar, y una línea eléctrica entre Andosilla y Falces. Fracasó en el intento de cerrar una presa que construyó en el Ebro, diseñada por un falso ingeniero que acabaría procesado.
Otro de sus hijos, Eliseo Belzunce Lizarraga (Bearin 1895, Pamplona), ingeniero de minas, en 1945, junto con Francisco Lizarraga (no tenían parentesco), descubrieron el yacimiento de magnesita de Eugui, Navarra. Mantuvieron en secreto el descubrimiento, y lo denunciaron a su nombre. Ese hallazgo dio origen a Magnesitas Navarra, extractora y procesadora de las minas de magnesita más importantes de Europa, en cuya creación participaron.
Hallándose Eliseo en Sagunto, al cargo de la construcción de los Altos Hornos, evitó la Guerra Civil Española al regresar por motivos de salud a Bearin poco antes de que comenzara. Trabajó en los Altos Hornos de Vergara, estableciéndose en San Sebastián, donde tenía un cuñado: el padre de Pilar Belzunce, mujer de Eduardo Chillida. Según su hijo Fernando, fue uno de los pocos que anduvieron en minas sin arruinarse.
En 1991, sus hijos, cumpliendo su deseo, donaron al Museo de Navarra una placa de marfil, tallada sobre un colmillo de elefante, que representa la entrada triunfal de Constantino el Grande en la ciudad de Roma el año 312.
Eliseo casó con Isabel Belzunce Fernández (Iloílo 1895), hija de Román Belzunce Inza (Bearin 1857, 1914) y Benita Gertrudis Fernández Marco (Estella 1895, Madrid 1946).
Pilar Belzunce de Carlos (Iloílo 1925, San Sebastián 2015), hija de Román Belzunce y María de Carlos, esposa de Eduardo Chillida y figura clave en su vida y trayectoria artística. Los restos de sus padres descansan en el cementerio de Estella.
Panteón de la familia Belzunce en el cementerio de Estella. En cada placa, los hijos con sus respectivas familias: Roman, Isabel, Julia y Ursina Belzunce.
Otros estelleses que fueron a Filipinas. A finales del XIX y principios del XX los estelleses vivían tiempos difíciles. A las penurias de la nación sumaban el haber salido de una guerra (2ª Carlista) que tuvo a Estella como epicentro. Por eso, a la menor oportunidad, emigraban, preferentemente a Filipinas, contratados por los Lizarraga cuando venían de vacaciones. Casi todos fueron a trabajar en la Hacienda Escalante, en la que durante la presidencia de Marcos el gobierno filipino perpetró una masacre.
El contrato era leonino: para compensar los gastos del viaje y otros varios, los tres primeros años tenían que trabajar para ellos. Allí eran sus hombres de confianza, ocupando puestos de responsabilidad en la administración de sus bienes o en el control de las plantaciones e ingenios.
Establecidos en localidades como Bacolod o Kabankalan (en Estella se utilizaba despectivamente el dicho vete a cavar a Kabankalan), pasados unos años, con el dinero ahorrado, desarrollaban una vida autónoma montando ingenios, plantaciones propias o en otras actividades económicas, para lo que tenían que naturalizarse en el país.
Hubo quién hizo fortuna, quién regreso mediante una colecta de la colonia estellesa, y quién vivió opíparamente visitando las haciendas de los estelleses: unos meses con fulano, otros meses con mengano, otros más con zutano…. Todos los recibían con los brazos abiertos, pues para ellos no había nada más agradable que hablar con un paisano.
Con frecuencia se casaban con mestizas e indígenas, y no son pocos los estelleses que tienen sangre tagala (Los ingleses también tenían grandes haciendas, mantenían relación sexual con las nativas, pero cuando nacían sus hijos las despachaban y dejaban sin trabajo).
La mayor parte de los descendientes de estelleses que quedaron en Filipinas, ya no hablan español y han perdido los vínculos con Estella.
Hubo también otras formas de hacer fortuna, los Roxas, por ejemplo, tenían un sistema de postas con el que avisaban a Manila la próxima llegada de un barco, servicio por el que recibían grandes recompensas de la Corona. En algún caso, el terreno que podía recorrer un caballo en un día.
Necrológica de Lorenzo Echarri Ballesteros. El funeral se celebró en el convento donde su hermana estaba de superiora.
-Lorenzo y Evaristo Echarri Martínez, nacidos en Erául, primos segundos de Tirso Lizarraga Inza, se desplazaron a Filipinas (el primero, con 16 años) a trabajar en las haciendas de sus parientes.
Lorenzo (1887-1928) casó con la filipina María Antonia Ballesteros Azcona (1900-1934), hija de un vecino de Dicastillo que -como todos los nacidos el mismo día que Alfonso XIII- pudo ingresar en una escuela militar, llegando a Alférez de Navío destinado a Filipinas. Por parte de madre era cuarentona: tenía una cuarta parte de sangre filipina a través de su abuela materna, princesa bisaya.
Tuvo tres hijos legítimos: Lorenzo Jr., casado con Trinidad de Andrés, nacida en Dicastillo e hija de un militar de aviación; María Teresa, casada en Estella con el médico-dentista Carmelo Gómez de Segura, que durante más de treinta años se desplazó anualmente a Filipinas para controlar la molienda y evitar robos; y Carmen “Menchu”, casada también en Estella con el farmacéutico Francisco “Paco” Esparza.
Con sus haciendas Urbasa (poco antes de fallecer integró esta hacienda en la de Danaos a cambio de una participación), San Antonio y San Cristóbal (ésta disponía de ferrocarril), Lorenzo hizo gran fortuna, llegando a ser Interventor General de la Azucarera de Danaos y su mayor accionista. Al llegar el crack del 29, para evitar que los bancos norteamericanos, con los que había adquirido empréstitos para comprar y mejorar sus haciendas, se quedaran con sus propiedades, las puso a nombre de sus hijos y se quitó la vida.
Cuando el pueblo viejo de Bearin fue desmontado, Laureano Landa Hermoso de Mendoza compró el escudo del linaje de su madre (Hermoso de Mendoza) y lo trasladó a Dicastillo, donde vivía, colocándolo en el interior de su vivienda.
Fuera del matrimonio, Lorenzo tuvo descendencia reconocida con una nativa: Marcelo (con un bambú le secaron un brazo) y Lucrecia “Lucring”, sobre la que merece extenderse:
Cuando a los 21 años, a la muerte de su madre, se enteró del suicidio del padre, para salvar el alma de su progenitor, adoptando el nombre de Beatriz se metió monja Concepcionista Recoleta en el convento de Estella, donde durante muchos años, hasta su fallecimiento, fue superiora.
El padre de unas hindúes, profesas en el convento estellés, le regalo un solar en Goa para que hicieran un convento. Enterado un arquitecto estellés de que se disponía a viajar a la India, y el fin que llevaba, le pagó el viaje y le hizo el proyecto de edificación. Por esa y otras acciones en la península asiática, un cardenal de la India le abrió un proceso de beatificación.
Cuando en el convento de Estella renovaron el tejado, y el presupuesto sobrepasó ampliamente el previsto, presentó la factura al Corazón de Jesús, y le dijo: «tú me has inspirado la obra; busca el dinero». Al día siguiente apareció por el convento un bilbaíno que, en cumplimiento de una promesa, le entregó un talón de millón y medio de pesetas con las que pudo pagar la obra. Los arzobispos de Pamplona le tenían pánico: sacaba de ellos cuanto se proponía.
Sus sobrinos cuentan que, cuando se encontraban en crisis, iban a verla y salían como nuevos. Les transmitía una paz… Les desnudaba con la mirada… Falleció siendo superiora del convento de Recoletas de Estella
La tierra de la que habían salido los españoles residentes en Filipinas siempre estaba presente. En la foto, Día Español en la población de San Carlos.
Los Echarri, huérfanos de padre y madre, al entrar los japoneses en Filipinas vinieron a Estella (otros que regresaron por el mismo motivo fueron los Erviti Echarri). Lorenzo Echarri Ballesteros, que acostumbraba a dormir con una pistola bajo la almohada, haciendo la mili en Sevilla le dio una paliza a un oficial que jugando a las cartas hacía trampas, y Juanito Arza, jugador de fútbol de Estella en el Sevilla C. F., le aconsejó que para evitar castigos entrara en la Legión, donde estuvo tres años. En Estella se daba la vida padre, cazando y pescando y viviendo con el dinero que le llegaba de Filipinas. Hacia el año 1958 la familia lo mandó a las islas, donde por falta de control les robaban cuanto podían; no regresó a España.
Necesitado Lorenzo Echarri de transfusiones de sangre, y teniéndola compatible Alejandrino Riezu López “Cabezas y Contrarias” (estellés que trabajaba en sus negocios), se la donó, obteniendo importantes beneficios de los que vivió a su vuelta a Estella. A la llegada de los japoneses, se cuenta que Alejandrino Riezu y a Marcelo Echarri se escondieron en un agujero al que llegaban orines y excrementos, permaneciendo en él cinco meses.
Toribio Echarri, primo de Lorenzo, propietario de la Hacienda Lizarra, Murcia, Negros Occidental, junto con algunos miembros de su familia, durante la ocupación japonesa fue asesinado por la guerrilla filipina.
Valentín Vidarte Lizarraga, pariente de Tirso y cajero de Lizarraga Hermanos, en 1943 fue asesinado por los japoneses. En la década de 1950, el Gobierno japonés abonó a cada uno de los 9 hermanos de Valentín la cantidad de 25.000 pesetas en compensación por su asesinato (Terminada la guerra, los japoneses indemnizaron a quienes reclamaron daños, pero algunos, no pudieron superar lo vivido, se dedicaron a la bebida, muriendo alcoholizados).
La madre de Isabel Presley Arrastia era hija de un emigrado de Muniáin, pueblo situado a unos siete kilómetros de Estella. Su padre, Carlos “Carlín” Presley Pérez de Tagle, era un personaje delgado, atildado, que como delegado del Banco Español de Crédito en Manila desarrollaba labores de banquero para los españoles. En tiempos en los que no era fácil traer a España remesas de dinero, por medio de estudiantes filipinos lo llevaba a Norteamérica, de donde lo remitía a España.
Reproduciendo muchas de las costumbres, como esta novillada.
Santos Urra, hacia 1908 marchó a Filipinas para trabajar con los Lizarraga en la isla de Negros Occidental. Casó con la mestiza Margarita Zayco (su padre, hijo de un fraile, tuvo 16 hijos con su esposa y 72 naturales; todos heredaron igual, pues a los naturales se les reconocían los mismos derechos que a los propios), con la que tuvo diez hijos, de los que sobrevivieron ocho.
Sólo regresó una vez a España, y durante la Guerra Mundial tuvo la pericia de esconderse en el monte, salvando así la vida y la hacienda. Se estableció en Manila dedicado a la compraventa y la importación.
Su hija Adela casó con un general de Estado Mayor, compañero de carrera de Ferdinand Marcos, presidente de Filipinas, quien le encargó la compra de armamento para el ejército del país. Su hija María Puy casó con Francisco Mauleón Osés, propietario de tejidos El Ega en Estella.
Ricardo Polo, entre los dos periodos en que ocupó la alcaldía de Estella, trabajo en Filipinas en la hacienda de Santos Urra.
Marino y Modesto Olóndriz, nacidos en la del Puy, hicieron fortuna en sus negocios con los frailes. Parte de la familia no pudo superar el trauma que supuso la ocupación japonesa, y terminó alcoholizada.
Marino, considerado como francmasón en la región de Bicol, durante la Guerra Civil Española se enfrentó, por el liderazgo de la comunidad española en Filipinas, a Patricio Hermoso, de familia carlista y pro-golpista. Participó en la refundación del partido monárquico alfonsino Renovación Española, a pesar de que éste se había integrado en Falange. Su hija, Concepción “Cookie” Olóndriz, casada con Bolo Tuason, vive a caballo entre Manila y Las Vegas.
Sobre las familias Gárriz y Navarcorena, de Dicastillo, parte de cuyos miembros murieron ahogados al ser torpedeado por los alemanes el barco en el que se desplazaban a las Islas, Blanca Sagasti Lacalle publicó recientemente el libro Vidas truncadas de navarros en Filipinas. Durante la ocupación japonesa, la familia Gárriz perdió 17 miembros, y solo uno quedó con vida.
Cristóbal Areopagita emigró a Filipinas. Su hermano Simón, nacido a principios de la década de 1890, fue el último en nacer en el pueblo viejo.
Escudos gemelos en la casa Pagola de Bearin. Pertenecen al linaje Aberin.
Bonifacio Gómez de Segura Urra, hermano de Leocadio Gómez de Segura “El Cabezón”, cuando se trasladaba en una barca para asistir a la celebración de El Corpus, cayó al agua y se ahogó. El 30-06-1911, en un periódico filipino se publicaron unas Notas de Cabancalán, en las que el corresponsal, con el título Un español ahogado. Cortés comportamiento del pueblo filipino, decía: «El súbdito español D. Bonifacio Gómez de Segura Urra, joven de 25 años de edad, natural de Estella, salió de la Hacienda San Juan, de los Srs. Lizarraga Hermanos, el 26 del actual, embarcado en un bote en compañía de algunos jornaleros y conduciendo algunos objetos con destino a la Hacienda Malabón que D. Eusebio R. de Luzuriaga posee en el inmediato pueblo de Ilog».
«El infeliz Bonifacio iba, según dicen, sentado en una silla, y en el momento en que acariciaba a un hermoso perro que llevaba, cayó con la silla al agua. Los conductores del bote ignoraban que el desgraciado no sabía nadar, así el timonel, viendo que no salía del agua, invitó presurosamente a sus compañeros para que ayudaran a socorrer al español que había caído al agua, siendo el timonel el primero en arrojarse para auxiliarle. Ya había conseguido asirle un brazo y cuando lo llevaba en busca de la orilla, Bonifacio, en el estertor de la agonía, dio tan tremendo golpe al timonel en el estómago, que le hizo perder el sentido y sin querer, éste le abandonó a su suerte».
«La tremenda avenida del río alejó al bote del lugar del suceso, y a duras penas pudo el timonel llegar a él. El caso ocurrió entre las haciendas San José y San Isidro. Unos vecinos de aquel lugar, sabedores de la desgracia, se arrojaron al agua para buscar al infeliz Bonifacio, sin conseguirlo a pesar de sus grandes esfuerzos. Varios españoles, con riesgo inminente de sus vidas, hicieron lo propio, resultandos inútiles sus tentativas por la mucha profundidad del río en aquella parte y la gran corriente que traía. Así las cosas, el 28 a las 4 de la mañana, apareció el cadáver sobre el agua frente a la hacienda de Lizarraga. Se han celebrado funerales en la iglesia de Cabancalán».
Rosario Conde Picabea, primera esposa de Camilo José Cela, era prima de Gregoria Elcid, madre de las estellesas Isabel y Aurora Garrués. Su padre fue gobernador de Filipinas, y donó a la Basílica del Puy un bastón de mando de bambú con empuñadura y puntera de oro.
La familia Azpilicueta, del Mayorazgo de Zábal, tuvo hacienda en Filipinas y, al regresar a Europa se estableció en Mauleón, Francia. Tenía intereses con los Elizalde, de Irurita, y la quiebra de éstos les afectó.
De la familia Galata, emparentada con los Arbizu de Estella, que hizo gran fortuna, no he podido encontrar información.
Estatutos de la Kabankalan Sugar Co. Inc. «Copia fiel y correcta de los adoptados para dicha Corporación en las juntas generales celebradas por los accionistas de la misma Sociedad, en los días 24 y 25 del mes actual de Enero» de 1919, publicados el 27 del mismo mes y año.
Gaspar Elordi Albizu (Estella 1804, Pamplona 1852), estudiante de Derecho, fue el primer estellés de que se tiene noticia en pisar suelo filipino. En 1822 fue uno de los 70 miembros de la Milicia Nacional en Estella que, tras enfrentarse a los carlistas, tuvo que buscar refugio en Pamplona, en la que volvió a refugiarse en 1835 por ser considerado uno de los estelleses «exaltados en el grado más superior que defienden a Cristina con las armas en la mano».
Miembro de la Diputación provincial en 1836, enviado al año siguiente a Santander para rendir cuentas ante la Real Comisión de Inspección, y a Madrid para dar cuenta de la situación de la Provincia, en marzo de 1838 asumió el cargo de diputado a Cortes, y en 1839, tras casarse con Prudencia Lipúzcoa (Lerín 1810, Estella 1885), se trasladó a Manila para ejercer de fiscal en la Audiencia, siendo expulsado, tras ocho años en el cargo, tras su enfrentamiento con el presidente de la misma. En Manila nacieron sus tres hijas, una de las cuales, Carolina, casó con Eusebio Ollo Miranda, abuelo de Manuel Irujo Ollo.
Bibliografía:
- La última de Filipinas, editorial Belacqua 2005, en el que Carmen Güell recoge las memorias de Elena Lizarraga Potestad. Todo lo relativo a las penalidades de la ocupación japonesa, están tomadas de ese libro.
- Merindad de Estella II. Bearin, de José María Jimeno Jurío, de donde he recogido lo relativo al pueblo nuevo.
- Testimonios varios, entre los que destaco a Fernando Belzunce, Francisco Mauleón y Francisco Javier Gómez de Segura, todos ellos con ancestros filipinos. Y, especialmente, intercambio epistolar con Nadine Bofill-Gasset Lizarraga.
- Old Iloílo y Old Negros y Old Manila en Facebook.
Octubre 2025